Lo sabés, lo sentís y sin embargo no lo hacés

Hay una distancia que pocas veces se nombra. No es la distancia entre no saber y saber. Es la distancia entre saber y hacer.

Muchas mujeres llegan a un punto en el que tienen claridad sobre lo que quieren cambiar, lo que quieren arrancar, lo que quieren dejar de postergar. Lo pueden explicar. Lo pueden escribir. Y sin embargo, no se mueven.

Durante mucho tiempo eso se interpretó como indecisión. Como falta de carácter o de método. Pero hay algo que aparece de manera consistente cuando se mira más de cerca: no es indecisión. Es miedo.

El miedo que no se llama miedo

El miedo a equivocarse rara vez se presenta como tal. Se presenta disfrazado.

Se llama perfeccionismo: "quiero que esté bien antes de publicarlo", "cuando esté lista lo arranco", "necesito que se vea bien". Se llama falta de tiempo: "en cuanto tenga un momento me pongo". Se llama indecisión: "es que soy así, me cuesta elegir".

Cada uno de esos nombres es verdadero en parte. Y cada uno funciona como una razón legítima para no moverse todavía.

El problema no es la razón. Es que la razón siempre está disponible.

De dónde viene

Este miedo tiene historia. No apareció solo ni es una característica personal. Forma parte de una educación que, durante generaciones, enseñó a las mujeres que equivocarse en público dice algo sobre quiénes son, no sobre lo que hicieron. Un error no es información. Es evidencia.

Esa es la trampa. Porque si equivocarse dice algo sobre quién sos, entonces no equivocarse se convierte en una forma de proteger la identidad. Y eso paraliza de una manera que ninguna herramienta de organización resuelve.

Podés tener el proyecto planificado, la agenda ordenada, la idea clara. Y seguir sin moverte. Porque el problema no está en la herramienta. Está en lo que pasa justo antes de usarla.

Lo que el perfeccionismo no dice

El perfeccionismo tiene buena prensa. Suena a estándar alto, a compromiso, a cuidado por el resultado.

Pero en la práctica funciona como una postergación con buena justificación. Mientras algo no está perfecto, no se publica. No se envía. No se lanza. Y mientras no se lanza, no hay error posible.

También significa que no hay aprendizaje posible.

Porque solo se corrige en el hacer. La claridad sobre cómo mejorar algo aparece después de haberlo hecho, no antes. Esperar a estar lista es esperar algo que no va a llegar de esa manera.

¿Qué hace posible moverse?

No es eliminar el miedo. Es no esperar a que desaparezca para actuar.

Lo que hace posible el primer movimiento es reducirlo a algo lo suficientemente pequeño para hacerlo y lo suficientemente real para que algo cambie. No el proyecto completo. No la versión perfecta. Algo concreto, acotado, que pueda salir aunque no esté terminado del todo.

Porque el hacer no empieza cuando estás lista. Empieza antes. Y la seguridad, cuando aparece, aparece ahí: en el medio del proceso, no al principio.

Ps. Patricia Gascard | Nuevas etapas de trabajo