¿Qué tiene que ver preguntar con la potencia?

Sobre la Potencia

La potencia no es algo que se experimenta de forma aislada. No es un sentimiento. La potencia es la capacidad de actuar, el deseo y las posibilidades de cada situación. Es una acción.  Es un intercambio que se genera con otro/a

La diferencia entre "empoderamiento" y una "mujer en potencia" es que esta última incluye todas las relaciones y comunicaciones que mantiene. La potencia no es un sentimiento estático, sino una dinámica continua y cambiante que se adapta a las circunstancias en evolución.

Por lo tanto, no podemos mirar la potencia de una mujer sin considerar, en primer lugar, sus deseos y, en segundo lugar, sus relaciones con todas las personas que conoce. Estos dos elementos son esenciales para comprender cómo se manifiesta y sostiene la potencia en la vida.

Empezar Preguntando

Una pregunta tiene un poder incalculable. Una solicitud, un pedido, desafían el estado de cosas y son  fundamentales para la reconfiguración de nuestras relaciones e identidades.

A veces, un pequeño pedido puede generarte grandes cambios y modificar absolutamente tus condiciones: nuestro ser, nuestras circunstancias o incluso nuestro mundo tal como lo conocemos. Son muy importantes por eso suelen darnos miedo. Por lo tanto, también a menudo nos cuesta tanto pedir. 

Muchas veces creemos, equivocadamente, que pedir puede generar más problemas que quedarse en silencio. Pero es al revés: cuando hacemos un pedido, le damos al otro la posibilidad de ocupar un rol, de involucrarse. Si no pedimos, o nos rendimos antes de intentarlo pensando que “seguro no va a aceptar”, le quitamos esa chance. Y también nos cerramos a una dinámica nueva con esa persona, o algo que quizás deseamos, aunque no siempre lo tengamos del todo claro.

Una mujer que se siente en su potencia sabe que su habilidad para pedir y recibir es clave para sostenerla y transformar la forma en que se vincula.

La Prohibición de Preguntar

Durante siglos las mujeres aprendimos a ser silenciosas, no tener deseos ruidosos, ni hacer grandes preguntas. Aprendimos a hacer que las cosas funcionen sin problemas e incluso, a cubrir a los hombres (sea en la intimidad del hogar o en el trabajo).

Hemos sido entrenadas perfectamente para mantener el estado de cosas, tanto en la familia como en las instituciones y empresas. 

En tiempos más recientes, se produce una nueva versión de este personaje: la mujer independiente. A primera vista, la Mujer Independiente va detrás de lo que quiere. Pero ella no pide mucho; en todo caso, ella lo consigue todo por sí misma. Puede que esté dirigiendo la empresa, pero no pide el equipo que necesita. Ella puede ser el sostén de la familia, pero no le pide a su pareja compartir las tareas. Todavía lleva ese condicionamiento de arreglárselas con lo que tiene y hacerlo de manera invisible y silenciosa. Hasta que explota y aparece la queja y el llanto.

La Mujer Independiente no tiende a preguntar. En lugar de tenerlo todo, termina haciéndolo todo. Esto es un desastre para las mujeres, porque perpetúa el ciclo de sobrecarga y subvaloración.

Reimaginando lo que Significa Preguntar y pedir. 

Preguntar es una herramienta poderosa. Va mucho más allá de hacer una solicitud. Preguntar es un acto de afirmación. Permite expresar mi potencia la relación con otros y otras. 

Preguntar y pedir no es rogar. Preguntar no es dar una orden brutal hasta que la otra persona acceda. No se trata de usar la fuerza para controlar ni es manipular.

Preguntar es una invitación para que alguien asuma un papel en tu vida que crees sacará lo mejor de él o ella. Porque preguntar se trata de presentar una visión. De proponer algo al otro que puede tomar o rechazar. Es libre, y esa es la esencia del pedido. Dos adultas/os pudiendo elegir la propuesta del otro/a. 

Preguntar es presentar una visión sobre un tema. Imaginá: cuando preguntás, compartís tu visión, no exigís. Es luchar por tus ideas, no contra alguien. Invitas a otros a unirse. Es una habilidad previa a pedir. Me ayuda a crear escenarios posibles. Preguntar me expone a las posibilidades. Tal vez el otro no había considerado lo mismo que yo, y mi pregunta le brinda la oportunidad de ofrecer su perspectiva. Preguntar abre el camino a pedir. A buscar lo que preciso. 

Pedir no es reclamar, ni quejarme. Es decir lo que necesito. 

Pedir libremente, sin vergüenza, con todo el cuerpo, lo que preciso y ver cómo resuelvo si el otro/a no puede darme lo que necesito. Pedir significa un cambio proactivo: invitar y proponer a ocupar otros lugares en una relación. 

¿Te parece imposible? Vamos a explorar más!



Ps. Patricia Gascard | Nuevas etapas de trabajo